Matthew 13DHH1996

1Aquel mismo día salió Jesús de casa y fue a sentarse a la orilla del lago.

2Como se reunió mucha gente, subió Jesús en una barca y se sentó, mientras la gente se quedaba en la orilla.

3Y se puso a hablarles de muchas cosas por medio de parábolas. Les dijo: “Un sembrador salió a sembrar.

4Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y llegaron las aves y se la comieron.

5Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra; aquella semilla brotó pronto, porque la tierra no era profunda;

6pero el sol, al salir, la quemó, y como no tenía raíz, se secó.

7Otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron.

8Pero otra parte cayó en buena tierra y dio una buena cosecha: unas espigas dieron cien granos por semilla, otras dieron sesenta y otras treinta.

9Los que tienen oídos, oigan.”

10Los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron por qué hablaba a la gente por medio de parábolas.

11Jesús les contestó: “A vosotros, Dios os da a conocer los secretos de su reino; pero a ellos no.

12Pues al que tiene, se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará.

13Por eso les hablo por medio de parábolas; porque ellos miran, pero no ven; escuchan, pero no oyen ni entienden.

14En ellos se cumple lo que dijo el profeta Isaías: ‘Por mucho que escuchéis, no entenderéis; por mucho que miréis, no veréis.

15Pues la mente de este pueblo está embotada: son duros de oído y han cerrado sus ojos, para no ver ni oir, para no entender ni volverse a mí y que yo los sane.’

16“Pero dichosos vosotros, porque tenéis ojos que ven y oídos que oyen.

17Os aseguro que muchos profetas y gente buena desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; desearon oir lo que vosotros oís, y no lo oyeron.

18“Oíd, pues, lo que significa la parábola del sembrador:

19Los que oyen el mensaje del reino y no lo entienden, son como la semilla que cayó en el camino; viene el maligno y les quita el mensaje sembrado en su corazón.

20La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y al pronto lo reciben con gusto,

21pero, como no tienen raíces, no pueden permanecer firmes: cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, fracasan en su fe.

22La semilla sembrada entre espinos representa a los que oyen el mensaje, pero los negocios de este mundo les preocupan demasiado y el amor a las riquezas los engaña: todo eso ahoga el mensaje y no le deja dar fruto en ellos.

23Pero la semilla sembrada en buena tierra representa a los que oyen el mensaje y lo entienden, y dan una buena cosecha: son como las espigas que dieron cien, sesenta o treinta granos por semilla.”

24Jesús les contó esta otra parábola: “El reino de los cielos puede compararse a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

25pero mientras todos estaban durmiendo, llegó un enemigo que sembró mala hierba entre el trigo, y se fue.

26Cuando creció el trigo y se formó la espiga, apareció también la mala hierba.

27Entonces los labradores fueron a decirle al dueño: ‘Señor, si la semilla que sembraste en el campo era buena, ¿cómo es que ha salido mala hierba?’

28El dueño les dijo: ‘Un enemigo ha hecho esto.’ Los labradores le preguntaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancar la mala hierba?’

29Pero él les dijo: ‘No, porque al arrancar la mala hierba podéis arrancar también el trigo.

30Es mejor dejarlos crecer juntos, hasta la siega; entonces mandaré a los segadores a recoger primero la mala hierba y atarla en manojos, para quemarla, y que luego guarden el trigo en mi granero.’ ”

31Jesús les contó también esta parábola: “El reino de los cielos se puede comparar a una semilla de mostaza que un hombre siembra en su campo.

32Es sin duda la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es más grande que las otras plantas del huerto; llega a hacerse como un árbol entre cuyas ramas van a anidar los pájaros.”

33También les contó esta parábola: “El reino de los cielos se puede comparar a la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina para que toda la masa fermente.”

34Jesús habló de todo esto a la gente por medio de parábolas, y sin parábolas no les hablaba,

35para que se cumpliera lo que había dicho el profeta: “Hablaré por medio de parábolas; diré cosas que han estado en secreto desde la creación del mundo.”

36Jesús despidió a la gente y entró en la casa. Sus discípulos se acercaron a él y le pidieron que les explicase la parábola de la mala hierba en el campo.

37Él les repondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre,

38y el campo es el mundo. La buena semilla representa a los que son del reino; la mala hierba, a los que son del maligno;

39y el enemigo que sembró la mala hierba es el diablo. La siega representa el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

40Así como se recoge la mala hierba y se la quema en una hoguera, así sucederá al fin del mundo.

41El Hijo del hombre mandará sus ángeles a recoger de su reino a todos los que hacen pecar a otros y a los que practican el mal.

42Los arrojarán al horno encendido, donde llorarán y les rechinarán los dientes.

43Entonces, aquellos que cumplen lo ordenado por Dios brillarán como el sol en el reino de su Padre. Los que tienen oídos, oigan.

44“El reino de los cielos se puede comparar a un tesoro escondido en un campo. Un hombre encuentra el tesoro, y vuelve a esconderlo allí mismo; lleno de alegría, va, vende todo lo que posee y compra aquel campo.

45“También se puede comparar el reino de los cielos a un comerciante que anda buscando perlas finas;

46cuando encuentra una de gran valor, va, vende todo lo que posee y compra la perla.

47“Puede compararse también el reino de los cielos a una red echada al mar, que recoge toda clase de peces.

48Cuando la red está llena, los pescadores la arrastran a la orilla y se sientan a escoger los peces: ponen los buenos en canastas y tiran los malos.

49Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles a separar a los malos de los buenos,

50y arrojarán a los malos al horno encendido, donde llorarán y les rechinarán los dientes.”

51Jesús preguntó: – ¿Entendéis todo esto? –Sí, Señor –contestaron ellos.

52Entonces Jesús añadió: –Cuando un maestro de la ley está instruido acerca del reino de los cielos, se parece a un padre de familia que de lo que tiene guardado saca cosas nuevas y cosas viejas.

53Cuando Jesús terminó de contar estas parábolas se fue de allí

54y llegó a su propia tierra, donde comenzó a enseñar en la sinagoga del lugar. La gente, admirada, decía: – ¿De dónde ha sacado este todo lo que sabe? ¿Cómo puede hacer tales milagros?

55¿No es este el hijo del carpintero? Y su madre, ¿no es María? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas,

56y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? ¿De dónde ha sacado todo esto?

57Y no quisieron hacerle caso. Por eso, Jesús les dijo: –En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa.

58Y no hizo allí muchos milagros, porque aquella gente no creía en él.

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996

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