1Lamentación de David, cuando cantó al Señor a propósito de Cus, el benjaminita. Señor, mi Dios, en ti busco protección; ¡sálvame de todos los que me persiguen! ¡Líbrame, pues son como leones; no sea que me despedacen y no haya quien me salve!
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3Señor, mi Dios, ¿en cuál de estas cosas he incurrido? ¿Acaso he cometido un crimen?
4¿Acaso he pagado a mi amigo mal por bien? ¿Acaso he oprimido sin razón a mi enemigo?
5De ser así, que mi enemigo me persiga; que me alcance y me arrastre por el suelo, y que haga rodar por tierra mi honor.
6¡Levántate, Señor, con furor! ¡Haz frente a la furia de mis enemigos! Tú, que has decretado hacer justicia, ¡ponte de mi parte!
7Rodéate del conjunto de las naciones y pon tu trono en lo alto, por encima de ellas.
8Señor, tú juzgas a las naciones: júzgame conforme a mi honradez, júzgame conforme a mi inocencia.
9Dios justo, que examinas los pensamientos y los sentimientos más profundos, ¡pon fin a la maldad de los malvados, pero al hombre honrado manténlo firme!
10Mi protección es el Dios Altísimo, que salva a los de corazón sincero.
11Dios es un juez justo que condena la maldad en todo tiempo.
12Si el hombre no se vuelve a Dios, Dios afilará su espada; ya tiene su arco tenso,
13ya apunta sus flechas encendidas, ¡ya tiene listas sus armas mortales!
14Mirad al malvado: tiene dolores de parto, está preñado de maldad y dará a luz mentira.
15Ha cavado una fosa muy honda, y en su propia fosa caerá.
16¡Su maldad y su violencia caerán sobre su propia cabeza!
17Alabaré al Señor porque él es justo; cantaré himnos al nombre del Señor, al nombre del Altísimo.