Psalms 32DHH1996

1Instrucción de David. Feliz el hombre a quien sus culpas y pecados le han sido perdonados por completo.

2Feliz el hombre que no es mal intencionado y a quien el Señor no acusa de falta alguna.

3Mientras no confesé mi pecado, mi cuerpo iba decayendo por mi gemir de todo el día,

4pues de día y de noche tu mano pesaba sobre mí. Como flor marchita por el calor del verano, así me sentía decaer.

5Pero te confesé sin reservas mi pecado y mi maldad; decidí confesarte mis pecados, y tú, Señor, los perdonaste.

6Por eso, en momentos de angustia te invocarán los fieles, y aunque las aguas caudalosas se desborden, no llegarán hasta ellos.

7Tú eres mi refugio: me proteges del peligro, me rodeas de gritos de liberación.

8El Señor dice: “Mis ojos están puestos en ti. Yo te daré instrucciones, te daré consejos, te enseñaré el camino que debes seguir.

9No seas como el mulo o el caballo, que no pueden entender y hay que detener su brío con el freno y la rienda, pues de otra manera no se acercan a ti.”

10Los malvados tendrán muchos dolores, pero el amor del Señor envuelve a los que en él confían.

11Alegraos en el Señor, hombres buenos y honrados. ¡Alegraos y gritad de alegría!

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996

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