1Escuchad ahora, gobernantes y jefes de Israel, ¿acaso no os corresponde a vosotros saber lo que es la justicia?
2En cambio, odiáis el bien y amáis el mal; despellejáis a mi pueblo y le dejáis los huesos pelados.
3Os coméis vivo a mi pueblo; le arrancáis la piel y le rompéis los huesos; lo tratáis como si fuera carne de olla.
4Un día llamaréis al Señor, pero él no os contestará. En aquel tiempo se esconderá de vosotros por las maldades que habéis cometido.
5Mi pueblo sigue caminos equivocados por culpa de los profetas que lo engañan, que anuncian paz a quienes les dan de comer pero declaran la guerra a quienes no les llenan la boca. El Señor dice a esos profetas:
6“No volveréis a tener visiones proféticas en la noche ni a predecir el futuro en la oscuridad.” El sol se pondrá para esos profetas y el día se les oscurecerá.
7Esos videntes y adivinos harán el mayor de los ridículos. Todos ellos se taparán la barba al no recibir respuesta de Dios.
8En cambio, a mí, el espíritu del Señor me llena de fuerza, justicia y valor para echar en cara a Israel su rebeldía y su pecado.
9Escuchad esto ahora, gobernantes y jefes de Israel, vosotros que odiáis la justicia y torcéis el derecho,
10que construís Jerusalén, la ciudad del monte Sión, sobre la base del crimen y la injusticia.
11Los jueces de la ciudad se dejan sobornar, los sacerdotes enseñan solo por dinero y los profetas venden sus predicciones, alegando que el Señor los apoya y diciendo: “El Señor está con nosotros; nada malo nos puede suceder.”
12Por tanto, por culpa vuestra, Jerusalén, la ciudad del monte Sión, quedará convertida en barbecho, en un montón de ruinas, y el monte del templo se cubrirá de maleza.