Matthew 22DHH1996

1Jesús se puso a hablarles otra vez por medio de parábolas. Les dijo:

2“El reino de los cielos puede compararse a un rey que hizo un banquete para la boda de su hijo.

3Envió a sus criados a llamar a los invitados, pero estos no quisieron acudir.

4Volvió a enviar más criados, encargándoles: ‘Decid a los invitados que ya tengo preparado el banquete. He hecho matar mis novillos y reses cebadas, y todo está preparado: que vengan a la boda.’

5Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a sus tierras, otro a sus negocios

6y otros echaron mano a los criados del rey y los maltrataron hasta matarlos.

7Entonces el rey, lleno de ira, ordenó a sus soldados que mataran a aquellos asesinos y quemaran su pueblo.

8Luego dijo a sus criados: ‘Todo está preparado para la boda, pero aquellos invitados no merecían venir.

9Id, pues, por las calles principales, e invitad a la boda a cuantos encontréis.’

10Los criados salieron a las calles y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y así la sala del banquete se llenó de convidados.

11“Cuando el rey entró a ver a los convidados, se fijó en uno que no iba vestido para la boda.

12Le dijo: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí, si no vienes vestido para la boda?’ Pero el otro se quedó callado.

13Entonces el rey dijo a los que atendían las mesas: ‘Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a la oscuridad. Allí llorará y le rechinarán los dientes.’

14Porque muchos son llamados, pero pocos escogidos.”

15Después de esto, los fariseos se pusieron de acuerdo para sorprender a Jesús en alguna palabra y acusarle.

16Así que enviaron a algunos de los partidarios de ellos, junto con otros del partido de Herodes, a decirle: –Maestro, sabemos que tú siempre dices la verdad, que enseñas de veras a vivir como Dios manda y que no te dejas llevar por lo que dice la gente, porque no juzgas a los hombres por su apariencia.

17Danos, pues, tu opinión: ¿estamos nosotros obligados a pagar impuestos al césar, o no?

18Jesús, dándose cuenta de la mala intención que llevaban, les dijo: –Hipócritas, ¿por qué me tendéis trampas?

19Enseñadme la moneda con que se paga el impuesto. Le trajeron un denario,

20y Jesús les preguntó: – ¿De quién es esta imagen y el nombre aquí escrito?

21Le contestaron: –Del césar. Jesús les dijo entonces: –Pues dad al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios.

22Al oir esto se quedaron admirados; y dejándole, se fueron.

23Aquel mismo día acudieron algunos saduceos a ver a Jesús. Los saduceos niegan la resurrección de los muertos, y por eso le plantearon este caso:

24–Maestro, Moisés dijo que si uno muere sin dejar hijos, su hermano deberá tomar por esposa a la viuda para dar hijos al hermano que murió.

25Pues bien, había una vez entre nosotros siete hermanos. El primero se casó, pero murió sin haber tenido hijos, así que su segundo hermano se casó con la viuda.

26Lo mismo le pasó al segundo, y también al tercero, y así hasta el séptimo.

27Después de todos ellos murió también la mujer.

28Ahora pues, en la resurrección, ¿cuál de los siete hermanos la tendrá por esposa, si todos estuvieron casados con ella?

29Jesús les contestó: –Os equivocáis porque no conocéis las Escrituras ni el poder de Dios.

30Cuando los muertos resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como los ángeles que están en el cielo.

31Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído que Dios mismo dijo:

32‘Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob’? ¡Y Dios no es Dios de muertos, sino de vivos!

33Al oir esto, la gente se quedó admirada de las enseñanzas de Jesús.

34Los fariseos se reunieron al saber que Jesús había hecho callar a los saduceos.

35Uno de aquellos, maestro de la ley, para tenderle una trampa le preguntó:

36–Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?

37Jesús le dijo: –‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’

38Este es el más importante y el primero de los mandamientos.

39Y el segundo es parecido a este: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’

40De estos dos mandamientos pende toda la ley de Moisés y las enseñanzas de los profetas.

41Estando todavía reunidos los fariseos, Jesús les preguntó:

42–¿Qué pensáis del Mesías? ¿De quién desciende? –De David –le contestaron.

43Entonces les dijo Jesús: – ¿Pues cómo es que David, inspirado por el Espíritu, le llama Señor? Porque David dijo:

44‘El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que yo ponga a tus enemigos debajo de tus pies.’

45¿Cómo puede el Mesías descender de David, si David mismo le llama Señor?

46Nadie pudo responderle ni una palabra, y desde aquel día ninguno se atrevió a hacerle más preguntas.

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996

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