Mark 6DHH1996

1Jesús se fue de allí a su propia tierra, y sus discípulos le acompañaron.

2Cuando llegó el sábado comenzó a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oir a Jesús, se preguntaba admirada: –¿Dónde ha aprendido este tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace?

3¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? Y no quisieron hacerle caso.

4Por eso, Jesús les dijo: –En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra, entre sus parientes y en su propia casa.

5No pudo hacer allí ningún milagro, aparte de sanar a unos pocos enfermos poniendo las manos sobre ellos.

6Y estaba asombrado porque aquella gente no creía en él. Jesús recorría las aldeas cercanas, enseñando.

7Llamó a los doce discípulos y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus impuros.

8Les ordenó que, aparte de un bastón, no llevaran nada para el camino: ni pan ni provisiones ni dinero.

9Podían calzar sandalias, pero no llevar ropa de repuesto.

10Les dijo: –Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis del lugar.

11Y si en algún lugar no os reciben ni quieren escucharos, salid de allí y sacudíos el polvo de los pies para que les sirva de advertencia.

12Entonces salieron los discípulos a decir a la gente que se volviera a Dios.

13También expulsaron muchos demonios y sanaron a muchos enfermos ungiéndolos con aceite.

14El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama había corrido por todas partes, y algunos decían: “Juan el Bautista ha resucitado, y por eso tiene este poder milagroso.”

15Otros decían: “Es el profeta Elías.” Y otros: “Es un profeta como los antiguos profetas.”

16Pero Herodes decía al oir estas cosas: –Ese es Juan. Yo mandé cortarle la cabeza, pero ha resucitado.

17Es que Herodes, por causa de Herodías, había mandado apresar a Juan y le había hecho encadenar en la cárcel. Herodías era esposa de Felipe, hermano de Herodes, pero Herodes se había casado con ella.

18Y Juan le había dicho a Herodes: “No puedes tener por tuya a la mujer de tu hermano.”

19Herodías odiaba a Juan y quería matarlo; pero no podía,

20porque Herodes le temía y le protegía sabiendo que era un hombre justo y santo; y aun cuando al oirle se quedaba perplejo, le escuchaba de buena gana.

21Pero Herodías vio llegar su oportunidad cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus jefes y comandantes y a las personas importantes de Galilea.

22La hija de Herodías entró en el lugar del banquete y bailó, y tanto gustó el baile a Herodes y a los que estaban cenando con él, que el rey dijo a la muchacha: –Pídeme lo que quieras y yo te lo daré.

23Y le juró una y otra vez que le daría cualquier cosa que pidiera, aunque fuese la mitad del país que él gobernaba.

24Ella salió y preguntó a su madre: –¿Qué puedo pedir? Le contestó: –Pide la cabeza de Juan el Bautista.

25La muchacha entró de prisa donde estaba el rey y le dijo: –Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.

26El rey se disgustó mucho, pero como había hecho un juramento en presencia de sus invitados, no quiso negarle lo que pedía.

27Así que envió en seguida a un soldado con la orden de traerle la cabeza de Juan.

28Fue el soldado a la cárcel, le cortó la cabeza a Juan y la puso en una bandeja. Se la dio a la muchacha y ella se la entregó a su madre.

29Cuando los seguidores de Juan lo supieron, tomaron el cuerpo y lo pusieron en una tumba.

30Después de esto, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

31Jesús les dijo: –Venid, vosotros solos, a descansar un poco a un lugar apartado. Porque iba y venía tanta gente que ellos ni siquiera tenían tiempo para comer.

32Así que Jesús y sus apóstoles se fueron en una barca a un lugar apartado.

33Pero muchos los vieron ir y los reconocieron; entonces, de todos los pueblos, corrieron allá y se les adelantaron.

34Al bajar Jesús de la barca vio la multitud, y sintió compasión de ellos porque estaban como ovejas que no tienen pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.

35Por la tarde, sus discípulos se le acercaron y le dijeron: –Ya es tarde, y este es un lugar solitario.

36Despide a la gente, para que vayan a los campos y las aldeas de alrededor y se compren algo de comer.

37Pero Jesús les contestó: –Dadles vosotros de comer. Respondieron: –¿Quieres que vayamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?

38Jesús les dijo: –¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo. Cuando lo averiguaron, le dijeron: –Cinco panes y dos peces.

39Mandó que la gente se recostara en grupos sobre la hierba verde,

40y se hicieron grupos de cien y de cincuenta.

41Luego Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos peces y, mirando al cielo, dio gracias a Dios, partió los panes y se los dio a sus discípulos para que los repartieran entre la gente. Repartió también entre todos los dos peces.

42Todos comieron hasta quedar satisfechos,

43y todavía llenaron doce canastas con los trozos sobrantes de pan y pescado.

44Los que comieron de aquellos panes fueron cinco mil hombres.

45Después de esto, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca, para que llegaran antes que él a la otra orilla del lago, a Betsaida, mientras él despedía a la gente.

46Y cuando la hubo despedido, se fue al monte a orar.

47Al llegar la noche, la barca ya estaba en medio del lago. Jesús, que se había quedado solo en tierra,

48vio que remaban con dificultad porque tenían el viento en contra. De madrugada fue Jesús hacia ellos andando sobre el agua, pero hizo como si quisiera pasar de largo.

49Ellos, al verle andar sobre el agua, pensaron que era un fantasma y gritaron,

50porque todos le vieron y se asustaron. Pero él les habló en seguida, diciéndoles: –¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

51Subió a la barca y se calmó el viento. Ellos se quedaron muy asombrados,

52porque no habían entendido el milagro de los panes y aún tenían la mente embotada.

53Atravesaron el lago y llegaron a la tierra de Genesaret, donde amarraron la barca a la orilla.

54Tan pronto como bajaron de la barca, la gente reconoció a Jesús.

55Recorrieron toda aquella región, y comenzaron a llevar enfermos en camillas a donde sabían que estaba Jesús.

56Y dondequiera que él entraba, ya fueran aldeas, pueblos o campos, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de su capa. Y todos los que la tocaban quedaban sanados.

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996

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