Judges 11DHH1996

1Jefté era un valiente guerrero de la región de Galaad. Era hijo de una prostituta y de un hombre llamado Galaad,

2pero como la propia esposa de Galaad le había dado otros hijos, cuando estos crecieron echaron de casa a Jefté y le dijeron que no heredaría nada de su padre, por ser hijo de otra mujer.

3Entonces Jefté huyó de sus hermanos y se fue a vivir a la región de Tob, donde reunió una banda de desalmados que salían con él a hacer correrías.

4Pasado algún tiempo, los amonitas atacaron a Israel.

5Entonces los jefes de Galaad mandaron traer a Jefté de la región de Tob

6y le dijeron: –Ven, queremos que seas nuestro jefe en la guerra contra los amonitas.

7Jefté les contestó: –¿Pues no me odiabais vosotros, y hasta me obligasteis a irme de la casa de mi padre? ¿Por qué venís a buscarme ahora que estáis en apuros?

8–Precisamente porque estamos en apuros venimos a buscarte –dijeron ellos–. Queremos que vengas con nosotros y pelees contra los amonitas, y que seas el jefe de todos los que vivimos en Galaad.

9–Pues si queréis que yo regrese para pelear contra los amonitas, y si el Señor me da la victoria, seré vuestro jefe –respondió Jefté.

10Y los jefes le aseguraron: –El Señor es testigo nuestro de que haremos todo lo que has dicho.

11Entonces Jefté fue con ellos, y el pueblo lo nombró su jefe y caudillo. En Mispá, Jefté repitió ante el Señor lo que antes había dicho.

12Después mandó unos mensajeros al rey de los amonitas, a preguntarle: “¿Qué tienes contra mí, para que vengas ahora a atacar a mi país?”

13Y el rey de los amonitas contestó a los mensajeros de Jefté: –Cuando vosotros los israelitas salisteis de Egipto, nos quitasteis nuestras tierras, desde el río Arnón hasta los ríos Jaboc y Jordán. Ahora, pues, devuélvemelas por las buenas.

14Jefté envió entonces otros mensajeros al rey de los amonitas,

15con este mensaje: “Esta es la respuesta de Jefté: Nosotros los israelitas no hemos quitado tierras a los moabitas ni a los amonitas.

16Cuando salimos de Egipto, cruzamos el desierto hasta el mar Rojo, y llegamos hasta Cadés.

17Entonces mandamos unos mensajeros al rey de Edom, pidiéndole que nos dejara pasar por sus territorios, pero él no nos dejó pasar. Se lo pedimos también al rey de Moab, pero él tampoco nos dejó pasar. Por eso nos quedamos en Cadés.

18Después, andando por el desierto, rodeamos los territorios de Edom y de Moab, hasta llegar al este de Moab, y acampamos allí, al otro lado del río Arnón. Pero no lo cruzamos, porque allí empezaba el territorio de Moab.

19Entonces mandamos unos mensajeros a Sihón, el rey amorreo de Hesbón, pidiéndole que nos dejara pasar por sus territorios para dirigirnos a nuestra tierra.

20Pero Sihón desconfió y no nos permitió pasar por su territorio; por el contrario, reunió todo su ejército y acampó en Jahas, y nos atacó.

21Pero el Señor, el Dios de Israel, su pueblo, nos dio la victoria, y derrotamos a Sihón y a su ejército, y nos adueñamos de todo el territorio de los amorreos de aquella región:

22tomamos toda la tierra de los amorreos, desde el río Arnón hasta el Jaboc y desde el desierto hasta el Jordán.

23¿Y ahora quieres tú despojarnos de lo que el Señor quitó a los amorreos y nos dio a nosotros?

24Si Quemós, tu dios, te da algo en posesión, tú lo consideras propiedad tuya, ¿no es cierto? Pues también nosotros consideramos nuestro lo que el Señor nos ha dado en propiedad.

25¿Acaso te crees mejor que Balac, hijo de Sipor, el rey de Moab? Pues mira, él no vino a pelear contra nosotros.

26Ya hace trescientos años que vivimos en Hesbón, Aroer y las aldeas vecinas, y en todas las ciudades a orillas del Arnón; ¿por qué no habéis reclamado esas tierras en todo este tiempo?

27Yo no te he hecho ningún daño. Eres tú quien está actuando mal al venir a atacarnos. Pero el Señor es el juez, y él será quien juzgue a israelitas y amonitas.”

28A pesar de todo, el rey de los amonitas no hizo caso del mensaje de Jefté.

29Entonces el espíritu del Señor vino sobre Jefté, y este recorrió Galaad y Manasés, pasando por Mispá de Galaad, para invadir el territorio de los amonitas.

30Y Jefté le hizo esta promesa al Señor: “Si me das la victoria sobre los amonitas,

31yo te ofreceré en holocausto a quien primero salga de mi casa a recibirme cuando yo regrese de la batalla.”

32Jefté invadió el territorio de los amonitas, los atacó y el Señor le dio la victoria.

33Mató Jefté a muchos enemigos, y conquistó veinte ciudades entre Aroer, Minit y Abel-queramim. De este modo los israelitas dominaron a los amonitas.

34Cuando Jefté volvió a su casa en Mispá, la única hija que tenía salió a recibirle bailando y tocando panderetas. Aparte de ella no tenía otros hijos,

35así que, al verla, se rasgó la ropa en señal de desesperación y le dijo: –¡Ay, hija mía, qué gran dolor me causas! ¡Y eres tú misma el motivo de mi desgracia, pues he hecho una promesa al Señor y ahora tengo que cumplirla!

36Ella le respondió: –Padre mío, haz conmigo lo que prometiste al Señor, ya que él ha cumplido su parte al darte la victoria sobre tus enemigos los amonitas.

37Te ruego, sin embargo, que me concedas dos meses para andar por los montes, con mis amigas, llorando por tener que morir sin haberme casado.

38Jefté le concedió los dos meses, y durante ese tiempo anduvo ella por los montes, con sus amigas, llorando porque iba a morir sin haberse casado.

39Después de ese tiempo volvió a donde estaba su padre, y él cumplió la promesa que había hecho al Señor. La hija de Jefté murió sin haber tenido relaciones sexuales con ningún hombre.

40Por eso es costumbre entre los israelitas que todos los años las jóvenes vayan a llorar a la hija de Jefté durante cuatro días.

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996

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