1Bildad: ¿Hasta cuándo seguirás hablando así, como habla un viento huracanado?
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3Dios, el Todopoderoso, nunca tuerce la justicia ni el derecho.
4Seguramente tus hijos pecaron contra Dios, y él les dio el castigo merecido.
5Busca a Dios, al Todopoderoso, y pídele que tenga compasión de ti.
6Si actúas con pureza y rectitud, él velará por ti, y te dará el hogar que justamente mereces.
7La riqueza que tenías no será nada comparada con la que tendrás después.
8Consulta a las generaciones pasadas, aprende de la experiencia de los antiguos.
9Nosotros somos apenas de ayer, y nada sabemos; nuestros días en esta tierra pasan como una sombra.
10Pero los antiguos podrán hablarte y enseñarte muchas cosas.
11El junco y el papiro sólo crecen donde abunda el agua;
12sin embargo, estando aún verdes y sin cortar, se secan antes que otras hierbas.
13Lo mismo pasa con los malvados, con los que se olvidan de Dios: sus esperanzas quedan frustradas.
14Su confianza y seguridad son como el hilo de una telaraña.
15Querrán agarrarse al hilo, y no resistirá; apoyarse en la telaraña, y no los soportará.
16Los malvados son como verdes hierbas al sol, que se extienden por todo el jardín,
17que enredan sus raíces entre las rocas y se adhieren a las piedras,
18pero que si alguien las arranca de su sitio nadie puede saber que estuvieron allí.
19Así termina su prosperidad y en su lugar brotan otras hierbas.
20Dios no abandona al hombre intachable ni brinda su apoyo a los malvados.
21Él hará que vuelvas a reir y que grites de alegría;
22en cambio, tus enemigos se cubrirán de vergüenza, y la casa de los malvados será destruida.