1Vosotros, sabios e instruidos, escuchad mis palabras.
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3El oído distingue las palabras, como el paladar reconoce los sabores.
4Así también, examinemos nosotros el caso y decidamos lo que mejor nos parezca.
5Job afirma: “Yo soy inocente, pero Dios se niega a hacerme justicia.
6Sería una mentira el admitir que soy culpable; mi herida no sana, aun cuando no he pecado.”
7¡No hay nadie como Job! Se burla de Dios como quien bebe agua;
8le gusta juntarse con los malvados, andar con mala gente.
9Dice que nada gana el hombre con tratar de agradar a Dios.
10Pero vosotros, gente sensata, escuchadme. ¡Ni pensar que Dios, el Todopoderoso, haga el mal o cometa injusticias!
11Él paga a cada uno según sus obras; hace que cada cual reciba lo que merece.
12En verdad, Dios, el Todopoderoso, no hace nada malo ni injusto;
13de nadie recibió el poder para gobernar al mundo entero.
14Si les quita a los hombres el aliento de vida, todos mueren por igual y otra vez vuelven al polvo.
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16Si tú eres sensato, escúchame; pon atención a mis palabras.
17Si Dios odiara la justicia, no podría gobernar. ¿Cómo puedes condenar a quien es inmensamente justo?
18Si los reyes y los nobles son malvados, Dios no duda en echárselo en cara.
19Él no se pone de parte de los gobernantes ni favorece más a los ricos que a los pobres, pues él es quien los hizo a todos.
20Los hombres mueren en un instante, en medio de la noche; la gente se alborota y desaparece; el poderoso es eliminado sin esfuerzo humano.
21Dios vigila los pasos del hombre y conoce todas sus andanzas.
22No hay tinieblas tan oscuras que puedan ocultar a un malhechor.
23Dios no fija un plazo al hombre para que se presente ante él a juicio.
24No necesita investigar para derribar a los grandes y dar su lugar a otros.
25Dios conoce lo que hacen, llega de noche y los destroza.
26Los azota como a criminales, a la vista de todos,
27porque no quisieron obedecerle ni aceptar sus normas de conducta.
28Hicieron que los gritos de los pobres y oprimidos llegaran hasta Dios, y él los escuchó.
29Pero si Dios calla, ¿quién podrá condenarle? Si oculta su rostro, ¿quién podrá verle? Él vigila a pueblos e individuos,
30para que no gobierne al pueblo un malvado que lo engañe.
31¿Acaso le has dicho a Dios: “Me dejé engañar; no volveré a pecar.
32Muéstrame las faltas que yo no veo. Si he actuado mal, no lo volveré a hacer”?
33¿Acaso quieres que Dios te recompense como a ti mejor te parezca, aunque tú le hayas rechazado? Ya que eres tú quien decide, y no yo, dinos lo que sabes.
34Los hombres sabios que me escuchan, y las personas sensatas, me dirán:
35“Job está hablando sin sabiduría; sus palabras no tienen sentido.
36¡Que se examine a fondo a Job, pues sus respuestas son las de un malvado!
37Job no sólo es pecador, sino rebelde; delante de nosotros se burla de Dios y se pone a discutir con él.”