1Job: Una vez más mis quejas son amargas, porque Dios ha descargado su mano sobre mí.
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3¡Ojalá supiera yo dónde encontrarlo y cómo llegar a donde vive!
4Presentaría ante él mi caso, pues me sobran argumentos.
5¡Ya sabría cómo responder a lo que él me contestara!
6Pero él no usaría la fuerza como argumento, sino que me escucharía
7y reconocería que tengo razón; me declararía inocente, ¡me dejaría libre para siempre!
8Pero busco a Dios por oriente, y no está allí; lo busco por occidente, y no lo encuentro.
9Me dirijo al norte, y no lo veo; me vuelvo al sur, y no lo percibo.
10Él conoce cada uno de mis pasos; puesto a prueba, saldré puro como el oro.
11Yo siempre he seguido sin desviarme el camino que me ha señalado.
12Siempre he cumplido sus leyes y mandatos, y no mi propia voluntad.
13Cuando él decide realizar algo, lo realiza; nada le hace cambiar de parecer.
14Lo que él ha dispuesto hacer conmigo, eso hará, junto con otras cosas semejantes.
15Por eso le tengo miedo; tan solo pensarlo me llena de terror.
16Dios, el Todopoderoso, me tiene acobardado.
17¡Ojalá la noche me hiciera desaparecer y me envolviera la oscuridad!