Jeremiah 17DHH1996

1“Judá, tu pecado está escrito con cincel de hierro; está grabado con punta de diamante en la piedra de tu corazón, en los cuernos de tus altares.

2Tus hijos se acuerdan de los altares y de los troncos sagrados que había junto a los árboles frondosos, sobre las colinas elevadas

3y sobre las lomas del campo. Por causa de tus pecados haré que te roben tus riquezas y tesoros, y que saqueen tus colinas sagradas en todo tu territorio.

4Tendrás que abandonar la tierra que te di como herencia, y te haré esclava de tus enemigos en una tierra que no conoces, porque mi ira se ha encendido como un fuego que te consumirá.”

5El Señor dice: “Maldito aquel que aparta de mí su corazón, que pone su confianza en los hombres y en ellos busca apoyo.

6Será como la zarza del desierto, que nunca recibe cuidados: que crece entre las piedras, en tierras de sal, donde nadie vive.

7“Pero bendito el hombre que confía en mí, que pone en mí su esperanza.

8Será como un árbol plantado a la orilla de un río, que extiende sus raíces hacia la corriente y no teme cuando llegan los calores, pues su follaje está siempre frondoso. En tiempo de sequía no se inquieta, y nunca deja de dar fruto.

9“Nada hay tan engañoso y perverso como el corazón humano. ¿Quién es capaz de comprenderlo?

10Yo, el Señor, que investigo el corazón y conozco a fondo los sentimientos; que doy a cada cual lo que se merece, de acuerdo con sus acciones.”

11El que se hace rico injustamente es como la perdiz que empolla huevos ajenos. En pleno vigor tendrá que abandonar su riqueza, y al fin no será sino un tonto más.

12Nuestro templo es un trono glorioso, puesto en alto desde el principio.

13Señor, tú eres la esperanza de Israel. Todo el que te abandona quedará avergonzado. Todo el que se aleja de ti desaparecerá como un nombre escrito en el polvo, por abandonarte a ti, manantial de frescas aguas.

14Sáname, Señor, y quedaré sanado; sálvame, y seré salvado, pues solo a ti te alabo.

15La gente me dice: “¿Qué pasó con las palabras del Señor? ¡Que se cumplan ahora mismo!”

16Sin embargo, yo no he insistido en que les envíes un desastre ni he deseado calamidades para ellos. Tú bien sabes lo que he dicho, pues lo dije en tu presencia.

17No te conviertas para mí en terror, pues eres mi refugio en momentos de angustia.

18Deja en ridículo a mis perseguidores, y no a mí; que ellos queden espantados, y no yo. Haz venir sobre ellos momentos de angustia; destrózalos por completo una y otra vez.

19El Señor me dijo: “Ve y ponte en la puerta del Pueblo, por donde entran y salen los reyes de Judá, y luego haz lo mismo en las demás puertas de Jerusalén.

20Di a la gente: ‘Reyes y pueblo de Judá, habitantes todos de Jerusalén que entráis por estas puertas, escuchad la palabra del Señor.

21El Señor dice: En sábado, y por consideración a vuestras propias vidas, no llevéis cargas ni las metáis por las puertas de Jerusalén.

22No saquéis tampoco ninguna carga de vuestras casas en sábado, ni hagáis en ese día trabajo alguno. Consagradme el sábado, tal como se lo ordené a vuestros antepasados.

23Pero ellos no me hicieron caso ni me obedecieron, sino que fueron tercos y no quisieron obedecer ni escarmentar.

24‘Yo, el Señor, afirmo: Obedecedme de veras, no llevando en sábado ninguna carga por las puertas de la ciudad. Consagradme ese día y no hagáis en él trabajo alguno.

25De este modo, siempre habrá reyes que ocupen el trono de David y que entren por las puertas de esta ciudad en carrozas y caballos, acompañados por los jefes y la gente de Judá y de Jerusalén. Y Jerusalén siempre tendrá habitantes.

26Y vendrá gente de las ciudades de Judá que están en los alrededores de Jerusalén; y también del territorio de Benjamín, de la llanura, de la región montañosa y del Négueb. Traerán al templo animales para el holocausto y para los demás sacrificios, y ofrendas de cereales e incienso, y de acción de gracias.

27Pero si no obedecéis mi mandato de consagrarme el sábado, sino que metéis cargas en ese día por las puertas de Jerusalén, entonces pondré fuego a las puertas de la ciudad, un fuego que destruirá los palacios de Jerusalén y que nadie podrá apagar.’ ”

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996

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