Isaiah 33DHH1996

1¡Ay de ti, destructor no destruido, traidor no traicionado! Cuando acabes de destruir, serás destruido; cuando acabes de traicionar, serás traicionado.

2Señor, ten compasión de nosotros, que esperamos en ti. Sé nuestro apoyo todas las mañanas, nuestra salvación en tiempos de dificultad.

3Al oir tus amenazas huyen los pueblos, cuando tú intervienes se dispersan las naciones;

4sus enemigos, como nube de langostas, se lanzan sobre ellos y les quitan sus riquezas.

5El Señor es soberano, pues vive en el cielo; él ha llenado a Sión de rectitud y justicia,

6y siempre le dará seguridad. La sabiduría y el conocimiento son un tesoro que salva; el temor del Señor es una riqueza.

7¡Oye cómo gritan los valientes en la calle, y cómo lloran los enviados a negociar la paz!

8Los caminos están desiertos; nadie transita por ellos. Se rompen los pactos y convenios; no hay respeto para nadie.

9La tierra está de luto y triste, el Líbano se marchita avergonzado, el valle de Sarón se ha convertido en un desierto, y Basán y el monte Carmelo están pelados.

10El Señor dice: “Ahora voy a actuar; ahora voy a mostrar toda mi grandeza y majestad.

11Vuestros planes y vuestras obras son paja y basura; mi soplo os devorará como un incendio.

12Los pueblos serán reducidos a cenizas; como espinos cortados arderán en el fuego.

13Los que estáis lejos, escuchad lo que he hecho, y los que estáis cerca reconoced mi poder.”

14En Sión tiemblan los pecadores, y los impíos se llenan de terror y dicen: “¿Quién de nosotros podrá vivir en un fuego destructor, en una hoguera eterna?”

15El que procede rectamente y dice la verdad, el que no se enriquece abusando de la fuerza ni se deja comprar con regalos, el que no hace caso a sugerencias criminales y cierra los ojos para no fijarse en el mal,

16ese vivirá seguro, tendrá su refugio en una fortaleza de rocas, siempre tendrá pan y el agua no le faltará.

17De nuevo verás al rey en su esplendor; las fronteras del país llegarán hasta muy lejos.

18Al recordar el miedo en que vivías, dirás: “¿Dónde está el que contaba los impuestos? ¿Dónde está el que comprobaba el peso? ¿Dónde está el que contaba las torres?”

19Ya no vivirás entre un pueblo insolente, de lengua difícil de entender, de idioma enredado, que nadie comprende.

20Mira a Sión, la ciudad de nuestras fiestas; dirige tus ojos a Jerusalén, ciudad segura; será como un campamento firme, cuyas estacas no se arrancarán ni se romperán sus cuerdas.

21Ahí se muestra glorioso el Señor con nosotros. Es un lugar de ríos, de corrientes muy anchas, pero no lo invadirán los enemigos con sus barcos de remo y sus naves poderosas.

22Las cuerdas de esas naves no pueden sostener el mástil; la vela no se puede desplegar. Arrebataremos tantas riquezas a los enemigos, que hasta el ciego recibirá su parte y los lisiados se dedicarán al saqueo. Porque el Señor es nuestro juez, nuestro legislador y nuestro rey, y él nos salvará.

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24Ningún habitante dirá: “Estoy enfermo.” Dios perdonará sus pecados a los habitantes de Sión.

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996

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