Isaiah 10DHH1996

1¡Ay de vosotros, que dictáis leyes injustas y publicáis decretos intolerables,

2que no hacéis justicia a los débiles ni reconocéis los derechos de los pobres de mi pueblo, que explotáis a las viudas y robáis a los huérfanos!

3¿Qué haréis cuando hayáis de rendir cuentas, cuando veáis venir de lejos el castigo? ¿A quién acudiréis pidiendo ayuda? ¿En dónde dejaréis vuestras riquezas?

4Si no son humillados y llevados presos, caerán con los que mueran asesinados. Sin embargo, la ira del Señor no se ha calmado; él sigue amenazando todavía.

5“¡El rey de Asiria! Él es el palo con que yo en mi ira castigo, la vara que uso cuando me enojo.

6Lo mando a atacar a un pueblo impío, a una nación que me ofende, para que la robe y le quite sus riquezas, para que la pisotee como al barro de las calles.

7Pero el rey de Asiria no piensa así, ni es eso lo que se propone. No piensa más que en destruir y en acabar con muchas naciones.

8Dice: ‘Todos los reyes son jefes a mis órdenes.

9Para mí son iguales las ciudades de Calnó y de Carquemis, Hamat igual que Arpad, Samaria lo mismo que Damasco.

10Me he encontrado naciones con muchos dioses, con más ídolos que los de Jerusalén y Samaria.

11Pues bien, lo que hice con Samaria y sus dioses, ¿no seré capaz de hacerlo con Jerusalén y sus ídolos?’ ”

12Cuando el Señor haya hecho todo lo que tiene que hacer en el monte Sión y en Jerusalén, castigará al rey de Asiria por esta obra de su orgullo, y por su altanería y arrogancia.

13El rey de Asiria ha dicho: “Yo lo he hecho con mi propia fuerza; soy inteligente, y he hecho los planes. Yo he cambiado las fronteras de las naciones, me he apoderado de sus riquezas y, como un valiente, he derribado a los reyes.

14He puesto mi mano en las riquezas de los pueblos, me he apoderado de toda la tierra como quien toma de un nido unos huevos abandonados, sin nadie que moviera las alas, sin nadie que abriese el pico y chillara.”

15Pero, ¿acaso puede el hacha creerse más importante que el que la maneja? ¿La sierra más que el que la mueve? ¡Como si el bastón, que no es más que un palo, fuera el que moviera al hombre que lo lleva!

16Por tanto, el Señor todopoderoso va a dejar sin fuerzas a esos que son tan robustos, y hará que les arda el cuerpo con el fuego de la fiebre.

17El Dios Santo, luz de Israel, se convertirá en llama de fuego, y en un día quemará y destruirá todos los espinos y matorrales que hay en el país.

18Destruirá completamente la belleza de sus bosques y sus huertos: los dejará como un enfermo que ya no tiene fuerzas.

19Y serán tan pocos los árboles que queden en el bosque, que hasta un niño los podrá contar.

20En aquel tiempo, los pocos que hayan quedado de Israel, aquellos del pueblo de Jacob que se hayan salvado, no volverán a apoyarse en el que los destruyó, sino que se apoyarán firmemente en el Señor, el Dios Santo de Israel.

21Unos cuantos del pueblo de Jacob se volverán hacia el Dios invencible.

22Aunque tu pueblo, Israel, sea tan numeroso como los granos de arena del mar, solo unos pocos volverán. La destrucción está decidida y se hará justicia por completo.

23Porque el Señor todopoderoso ha decidido la destrucción y la va a llevar a cabo en todo el país.

24El Señor todopoderoso dice así: “Pueblo mío, que vives en Sión, no tengas miedo a los asirios, aunque te golpeen con su vara y levanten su bastón contra ti como hicieron los egipcios.

25Porque dentro de muy poco tiempo va a llevarse a cabo el castigo, y mi ira los destruirá.

26El Señor todopoderoso los castigará como cuando derrotó a Madián en la roca de Oreb, y mostrará su poder contra Asiria como cuando lo mostró contra Egipto.

27Aquel día se te quitará la carga que han puesto sobre tus espaldas, y será quebrado el yugo que han puesto sobre tu nuca.” El invasor viene por Rimón,

28llega a Aiat, pasa por Migrón, deja la carga en Micmás,

29cruza el paso del torrente, acampa en Gueba; Ramá se llena de terror, Guibeá de Saúl sale huyendo.

30¡Da gritos, Bat-galim! ¡Óyelos, Laisa! ¡Responde, Anatot!

31Madmená sale huyendo, los habitantes de Guebim se esconden.

32Hoy mismo se detiene el invasor en Nob; da la señal de atacar el monte Sión, la colina de Jerusalén.

33Mirad, el Señor todopoderoso derriba los árboles con fuerza terrible; los más altos caen cortados, los más elevados se vienen al suelo.

34Con un hacha derriba lo más espeso del bosque, y los árboles más bellos del Líbano se derrumban.

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996

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