Acts 2DHH1996

1Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar.

2De pronto, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde estaban.

3Y se les aparecieron lenguas como de fuego, repartidas sobre cada uno de ellos.

4Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen.

5Por aquellos días había en Jerusalén judíos cumplidores de sus deberes religiosos, llegados de todas las partes del mundo.

6Mucha gente se reunió al oir aquel ruido, y no sabían qué pensar, porque cada uno oía a los creyentes hablar en su propia lengua.

7Eran tales su sorpresa y asombro, que se decían unos a otros: –¿Acaso no son de Galilea todos estos que están hablando?

8¿Cómo es que les oímos hablar en nuestras propias lenguas?

9Aquí hay gente de Partia, de Media, de Elam, de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del Ponto y de la provincia de Asia,

10de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene. Hay también quienes vienen de Roma,

11tanto judíos de nacimiento como convertidos al judaísmo; y también los hay venidos de Creta y de Arabia. ¡Y todos les oímos contar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios!

12Todos estaban asombrados, sin saber qué pensar, y se preguntaban: –¿Qué significa todo esto?

13Pero algunos decían burlándose: –¡Es que están borrachos!

14Entonces Pedro, puesto en pie junto con los otros once apóstoles, dijo con voz fuerte: “Judíos y todos los que vivís en Jerusalén, sabed esto y oíd bien lo que os voy a decir:

15Estos no están borrachos como creéis, cuando apenas son las nueve de la mañana.

16Lo que aquí está sucediendo es algo diferente; es lo que anunció el profeta Joel cuando dijo:

17‘Sucederá que en los últimos días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad. Vuestros hijos y vuestras hijas comunicarán mensajes proféticos, vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos tendrán sueños.

18También sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días, y comunicarán mensajes proféticos.

19En el cielo mostraré grandes maravillas, y sangre, fuego y nubes de humo en la tierra.

20El sol se volverá oscuridad, y la luna, sangre, antes que llegue el día del Señor, día grande y glorioso.

21Pero todos los que invoquen el nombre del Señor alcanzarán la salvación.’

22“Escuchad, pues, israelitas, lo que voy a decir: Como bien sabéis, Jesús de Nazaret fue un hombre a quien Dios acreditó ante vosotros haciendo por medio de él grandes maravillas, milagros y señales.

23Sin embargo, a ese hombre, que fue entregado conforme a los planes y propósitos de Dios, vosotros lo matasteis, crucificándolo por mano de hombres malvados.

24Pero Dios lo resucitó, liberándole de los dolores de la muerte, porque la muerte no podía tenerle dominado.

25El rey David, refiriéndose a Jesús, dijo: ‘Yo veía siempre al Señor delante de mí; con él a mi derecha, nada me hará caer.

26Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. Todo mi ser vivirá confiadamente,

27porque no me dejarás en el sepulcro ni permitirás que se descomponga el cuerpo de tu santo siervo.

28Me mostraste el camino de la vida y me llenarás de alegría con tu presencia.’

29“Hermanos, permitidme deciros con franqueza que nuestro antepasado David murió y fue enterrado, y que su sepulcro está todavía entre nosotros.

30Pero David, que era profeta, sabía que Dios le había prometido con juramento que pondría por rey a uno de sus descendientes.

31David previó la resurrección del Mesías, y la anunció por anticipado diciendo que no quedaría en el sepulcro ni su cuerpo se descompondría.

32Pues bien, Dios ha resucitado a ese mismo Jesús, y de ello somos todos nosotros testigos.

33Enaltecido y puesto por Dios a su mano derecha, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, el cual, a su vez, él repartió. Eso es lo que estáis viendo y oyendo.

34Porque no fue David quien subió al cielo, sino que él mismo dice: ‘El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi derecha,

35hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies.’

36“Sepa, pues, todo el pueblo de Israel, con toda seguridad, que a este mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Mesías.”

37Cuando los allí reunidos oyeron esto, se afligieron profundamente y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: –Hermanos, ¿qué debemos hacer?

38Pedro les contestó: –Volveos a Dios y bautizaos cada uno en el nombre de Jesucristo, para que Dios os perdone vuestros pecados y recibáis el don del Espíritu Santo.

39Esta promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y también para todos los que están lejos; es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar.

40Con estas y otras palabras, Pedro les hablaba y aconsejaba, diciéndoles: –¡Apartaos de esta gente perversa!

41Así pues, los que hicieron caso de su mensaje fueron bautizados, y aquel día se agregaron a los creyentes unas tres mil personas.

42Todos se mantenían firmes en las enseñanzas de los apóstoles, compartían lo que tenían y oraban y se reunían para partir el pan.

43Todos estaban asombrados a causa de los muchos milagros y señales hechos por medio de los apóstoles.

44Los que habían creído estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí;

45vendían sus propiedades, todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno.

46Todos los días se reunían en el templo, y partían el pan en las casas y comían juntos con alegría y sencillez de corazón.

47Alababan a Dios y eran estimados por todos, y cada día añadía el Señor a la iglesia a los que iba llamando a la salvación.

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996

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