1Cuando Doeg, idumeo, fue a dar aviso a Saúl, diciéndole que David había estado en casa de Aquimelec. ¿Por qué haces alarde de tu malignidad, tú que sólo empleas el valimiento para obrar la iniquidad?
2Todo el día está tu lengua empleándose en la injusticia; cual navaja afilada, así tú has hecho traición.
3Preferiste el mal al bien, la calumnia al lenguaje de la verdad.
4Toda suerte de palabras mortíferas son las que has amado, ¡oh lengua alevosa!
5Por tanto Dios te destruirá para siempre; te arrancará y echará fuera de la mansión en que habitas, te desarraigará de la tierra de los vivientes.
6Lo verán los justos, y temblarán, y se reirán de él, diciendo:
7He ahí el hombre que no contó con el favor de Dios, sino que puso su confianza en sus grandes riquezas, y no hubo quien le apeara de su vanidad.
8Yo al contrario, a manera de un fértil olivo subsistiré en la casa de Dios, para siempre y por los siglos de los siglos por haber puesto mi esperanza en la misericordia de Dios.
9Te alabaré, Señor, eternamente, porque esto hiciste y esperaré el auxilio de tu Nombre, por ser como es tan bueno para tus santos.