1Cuando, después que pecó con Betsabé, vino a él el profeta Natán. Ten piedad de mí, oh Dios, según la grandeza de tu misericordia; y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad.
2Lávame aun más de mi iniquidad, y límpiame de mi pecado,
3(porque yo reconozco mi maldad, y delante de mí tengo siempre mi pecado;
4contra ti solo he pecado; y he cometido la maldad delante de tus ojos) a fin de que perdonándome, aparezca justo cuando hables, y quedes victorioso en los juicios que de ti se formen.
5Mira, pues, que fui concebido en iniquidad y que mi madre me concibió en pecado.
6Y mira que tú amas la verdad; tú me revelaste los secretos y recónditos misterios de tu sabiduría.
7Me rociarás, Señor, con el hisopo, y seré purificado; me lavarás, y quedaré más blanco que la nieve.
8Infundirás en mi oído palabras de gozo y de alegría, con lo que se recrearán mis huesos quebrantados.
9Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades.
10Crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón puro, y renueva en mis entrañas el espíritu de rectitud.
11No me arrojes de tu presencia y no retires de mí tu santo espíritu.
12Restitúyeme la alegría de tu salvador ; y fortaléceme con un espíritu de príncipe.
13Yo enseñaré tus caminos a los malos, y se convertirán a ti los impíos.
14Líbrame de la sangre, ¡oh Dios, Dios salvador mío!, y ensalzará mi lengua tu justicia.
15¡Oh Señor!, tú abrirás mis labios; y publicará mi boca tus alabanzas.
16Que si tú quisieras sacrificios, ciertamente te los ofreciera; mas tú no te complaces con solos holocaustos.
17El espíritu compungido es el sacrificio más grato para Dios; no despreciarás, ¡oh Dios mío!, el corazón contrito y humillado.
18Señor, por tu buena voluntad sé benigno para con Sión, a fin de que estén firmes los muros de Jerusalén .
19Entonces aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas y los holocaustos; entonces serán colocados sobre tu altar becerros para el sacrificio.