Proverbs 1BTA1825

1Parábolas de Salomón , hijo de David, rey de Israel,

2para aprender la sabiduría y la disciplina,

3entender los consejos prudentes, y recibir la instrucción de la buena doctrina, la justicia, la rectitud y la equidad;

4a fin de que los pequeñuelos adquieran sagacidad y discreción, y los mozos saber y entendimiento.

5El sabio que escuchare estas parábolas se hará más sabio; y al que las entendiere le servirán de timón.

6Atinará su significación y la interpretación de ellas; comprenderá los dichos de los sabios y sus enigmas.

7El temor del Señor es el principio de la sabiduría. Los insensatos desprecian la sabiduría y la doctrina.

8Tú, ¡oh hijo mío!, escucha las correcciones de tu padre, y no deseches las advertencias de tu madre.

9Ellas serán para ti como una corona para tu cabeza, y como un collar precioso para tu cuello.

10Hijo mío, por más que te halaguen los pecadores, no condesciendas con ellos.

11Si te dijeren: Ven con nosotros, pongámonos en acecho para matar al prójimo, armemos por mero antojo ocultos lazos al inocente,

12traguémoslo vivo, como traga el sepulcro los cadáveres, y todo entero, como si cayese en una sima;

13y encontraremos con su ruina toda suerte de riquezas, y henchiremos de despojos nuestras casas;

14une tu suerte con la nuestra, sea una sola la bolsa de todos nosotros;

15no sigas, oh hijo mío, sus pasos; guárdate de andar por sus sendas;

16porque sus pies corren hacia la maldad, y van apresurados a derramar la sangre inocente.

17Mas en vano se tiende la red ante los ojos de los pájaros voladores.

18Las asechanzas que arman los impíos, se convierten también a veces contra su propia vida, y sus maquinaciones y engaños sirven para perderse a sí mismos.

19Así que el camino o la conducta que siguen todos los avarientos, lleva arrebatadamente sus almas a la perdición.

20La sabiduría enseña en público; levanta su voz en medio de las plazas;

21se hace oír en los concursos de gente; expone sus útiles documentos en las puertas de la ciudad, y dice a todos los hombres:

22¿Hasta cuándo, a manera de párvulos, habéis de amar las niñerías? ¿Hasta cuándo, necios, apeteceréis las cosas que os son nocivas; e imprudentes, aborrecéis la sabiduría?

23Convertíos a la fuerza de mis reprensiones; mirad que os comunicaré mi espíritu y os enseñaré mi doctrina.

24Mas ya que estuve yo llamando, y vosotros no respondistéis; os alargué mi mano y ninguno se dio por entendido;

25menospreciasteis todos mis consejos, y ningún caso hicisteis de mis reprensiones,

26yo también miraré con risa vuestra perdición, y me mofaré de vosotros cuando os sobrevenga lo que temíais.

27Cuando de improviso os asalte la calamidad, y la muerte se os arroje encima como un torbellino; cuando os acometa la tribulación y la angustia,

28entonces me invocarán los impíos, y no los oiré; madrugarán a buscarme y no me hallarán,

29en pena de haber aborrecido la instrucción y abandonado el temor de Dios,

30desatendiendo mis consejos, y burlándose de todas mis correcciones.

31Comerán, pues, los frutos de su mala conducta, y se saciarán de los productos de sus perversos consejos.

32La indocilidad causará a los ignorantes su perdición; y aquella que neciamente creen ser su felicidad, será su ruina.

33Mas el que me escuchare, reposará exento de todo temor, y nadará en la abundancia, libre de todo mal.

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