Matthew 27BTA1825

1Venida la mañana, todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tuvieron consejo contra Jesús para hacerle morir.

2Y declarándole reo de muerte, le condujeron atado y entregaron al presidente o gobernador, Poncio Pilato.

3Entonces Judas, el que le había entregado, viendo a Jesús sentenciado, arrepentido de lo hecho, restituyó las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos.

4Diciendo: Yo he pecado, pues he vendido la sangre inocente. A lo que dijeron ellos: A nosotros ¿qué nos importa? ¡Tú verás!

5Mas él, arrojando el dinero en el templo, se fue y echándose un lazo, se ahorcó.

6Pero los príncipes de los sacerdotes, recogidas las monedas, dijeron: No es lícito meterlas en el tesoro del templo siendo como son precio de sangre.

7Y habiéndolo tratado en consejo, compraron con ellas el campo de un alfarero para sepultura de los extranjeros;

8por lo cual se llamó dicho campo Hacéldama, esto es, Campo de sangre, y así se llama hoy día;

9con lo que vino a cumplirse lo que predijo el profeta Jeremías, que dice: Han recibido las treinta monedas de plata, precio del puesto en venta, según fue avaluado por los hijos de Israel;

10y las emplearon en la compra del campo de un alfarero, como me lo ordenó el Señor.

11Fue, pues, Jesús presentado ante el presidente, y el gobernador le interrogó diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Le respondió Jesús : Tú lo dices.

12Y por más que le acusaban los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, nada respondió.

13Por lo que Pilato le dijo: ¿No oyes de cuántas cosas te acusan?

14Pero él a nada contestó de cuanto le dijo; de manera que el gobernador quedó en extremo maravillado.

15Acostumbraba el gobernador conceder por razón de la fiesta de la Pascua , la libertad de un reo, a elección del pueblo.

16Y teniendo a la sazón en la cárcel a uno muy famoso, llamado Barrabás,

17preguntó Pilato a los que habían concurrido: ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás, o a Jesús , que es llamado el Cristo , o Mesías?,

18porque sabía bien que se lo habían entregado los príncipes de los sacerdotes por envidia.

19Y estando él sentado en su tribunal, le envío a decir su mujer: No te mezcles en las cosas de ese justo, porque son muchas las congojas que hoy he padecido en sueños por su causa.

20Entretanto, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos indujeron al pueblo a que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús .

21Así es que preguntándoles el gobernador otra vez, y diciendo: ¿A quién de los dos queréis que os suelte?, respondieron ellos: A Barrabás.

22Les replicó Pilato: Pues ¿qué he de hacer de Jesús , llamado el Cristo ?

23Dijeron todos: ¡Sea crucificado! Y el gobernador: Pero ¿qué mal ha hecho? Mas ellos comenzaron a gritar más, diciendo: ¡Sea crucificado!

24Con lo que viendo Pilato que nada adelantaba, antes bien, que cada vez crecía el tumulto, mandando traer agua, se lavó las manos a la vista del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo, allá os lo veáis vosotros.

25A lo cual respondiendo todo el pueblo, dijo: Recaiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos.

26Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús , después de haberlo hecho azotar, lo entregó en sus manos para que fuese crucificado.

27En seguida los soldados del gobernador, cogiendo a Jesús y poniéndolo en el pórtico del pretorio o palacio de Pilato, juntaron alrededor de él la cohorte, o compañía, toda entera.

28Y desnudándolo, lo cubrieron con un manto de púrpura.

29Y entretejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y una caña por cetro en su mano derecha; y con la rodilla hincada en tierra le escarnecían diciendo: Dios te salve, Rey de los judíos.

30Y escupiéndolo, tomaban la caña y lo herían en la cabeza.

31Y después que así se mofaron de él, le quitaron el manto, y habiéndolo puesto otra vez sus propios vestidos, lo sacaron a crucificar.

32Al salir de la ciudad encontraron un hombre natural de Cirene, llamado Simón, al cual obligaron a que cargase con la cruz de Jesús .

33Y llegados al lugar que se llama Gólgota esto es, lugar del Calvario, o de las Calaveras,

34allí le dieron a beber vino mezclado con hiel; mas él, habiéndolo probado, no quiso beberlo.

35Después que le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Con esto se cumplió la profecía que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, y sortearon mi túnica.

36Y sentándose junto a él, le guardaban.

37Le pusieron también sobre la cabeza estas palabras, que denotaban la causa de su condenación: Este es Jesús , el Rey de los Judíos.

38Al mismo tiempo fueron crucificados con él dos ladrones, uno a la diestra y otro a la siniestra.

39Y los que pasaban por allí lo insultaban y escarnecían, meneando la cabeza y diciendo:

40¡Hola!, tú que derribas el templo de Dios y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz.

41De la misma manera también los príncipes de los sacerdotes, a una con los escribas y los ancianos, insultándole decían:

42A otros ha salvado, y no puede salvarse a sí mismo; si es el Rey de Israel, baje ahora de la cruz y creeremos en él;

43él pone su confianza en Dios; pues si Dios le ama tanto, líbrele ahora, ya que él mismo decía: Yo soy el Hijo de Dios.

44Y eso mismo le echaban en cara aun los ladrones que estaban crucificados en su compañía.

45Mas desde el mediodía hasta las tres de la tarde quedó toda la tierra cubierta de tinieblas.

46Y cerca de las tres de la tarde exclamó Jesús con una gran voz, diciendo: ELI, ELI, ¿LAMMA SABACTANI? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

47Lo que oyendo algunos de los presentes, decían: A Elías llama éste.

48Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, la empapó en vinagre, y puesta en la punta de una caña, se la daba a chupar.

49Los otros decían: Dejad, veamos si viene Elías a librarle.

50Entonces Jesús , clamando de nuevo con una voz grande y sonora, entregó su espíritu.

51Y al momento el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba abajo, y la tierra tembló, y se partieron las piedras;

52y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían muerto resucitaron,

53y saliendo de los sepulcros después de la resurrección de Jesús , vinieron a la ciudad santa, y se aparecieron a muchos.

54Entretanto el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús , visto el terremoto y las cosas que sucedían, se llenaron de gran temor, y decían: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.

55Estaban también allí, a lo lejos, muchas mujeres, que habían seguido a Jesús desde Galilea para cuidarlo.

56De las cuales eran María Magdalena, y María madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

57Siendo ya tarde, compareció un hombre rico, natural de Arimatea, llamado José, el cual era también discípulo de Jesús .

58Este se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús , el cual mandó Pilato que se le entregase.

59José, pues, tomando el cuerpo de Jesús , le envolvió en una sábana limpia.

60Y lo colocó en un sepulcro suyo que había hecho abrir en una peña, y no había servido todavía; y arrimando una gran piedra, cerró la boca del sepulcro, y se fue.

61Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas enfrente del sepulcro.

62Al día siguiente, que era el de después de la preparación del sábado, o el sábado mismo, acudieron junto a Pilato los príncipes de los sacerdotes y los fariseos,

63diciendo: Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando todavía en vida, dijo: Después de tres días resucitaré.

64Manda, pues, que se guarde el sepulcro hasta el tercer día; para que no vayan quizás de noche sus discípulos y lo hurten, y digan a la plebe: Ha resucitado de entre los muertos; y sea el último engaño peor que el primero.

65Les respondió Pilato: Ahí tenéis la guardia: Id y ponedla como os parezca.

66Con eso, yendo allá aseguraron bien el sepulcro, sellando la piedra y poniendo guardias.

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