1predica la palabra de Dios con toda fuerza y valentía, insiste con ocasión y sin ella, reprende, ruega, exhorta con toda paciencia y doctrina.
2Porque vendrá tiempo en que los hombres no podrán sufrir la sana doctrina, sino que, teniendo una comezón extremada de oír doctrinas que lisonjeen sus pasiones, recurrirán a un montón de doctores propios para satisfacer sus desordenados deseos,
3y cerrarán sus oídos a la verdad, y los aplicarán a las fábulas.
4Tú entretanto vigila en todas las cosas de tu ministerio, soporta las aflicciones, desempeña el oficio de evangelista, cumple todos los cargos de tu ministerio. Vive con templanza.
5Que yo ya estoy a punto de ser inmolado, y se acerca el tiempo de mi muerte.
6He combatido con valor, he concluido la carrera, he guardado la fe.
7Nada me resta sino aguardar la corona de justicia que me está reservada, y que me dará el Señor en aquel día como justo juez, y no sólo a mí, sino también a los que llenos de fe desean su venida. Date prisa en venir pronto a mí.
8Porque Demas me ha desamparado por el amor de este siglo, y se ha ido a Tesalónica;
9Crescente partió para Galacia, Tito para Dalmacia.
10Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos, y tráele contigo; porque me es del caso para el ministerio evangélico.
11A Tíquico le he enviado a Efeso.
12Cuando vengas, tráete contigo la capa o capote que dejé en Tróade en casa de Carpo, y los libros, sobre todo los pergaminos o papeles.
13Alejandro, el calderero me ha hecho mucho mal; el Señor le dará el pago conforme a sus obras.
14Guárdate tú también de él, porque se ha opuesto sobremanera a nuestra doctrina.
15En mi primera defensa, nadie me asistió, antes todos me desampararon, ruego a Dios se lo perdone.
16Mas el Señor me asistió y alentó, para que yo acabase de predicar, y me oyesen todas las naciones; y fui librado de la boca o garras del león.
17El Señor me librará de todo pecado, y me conducirá a su reino celestial, a él sea dada la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
18Saluda a Prisca, y a Aquilas, y a la familia de Onesíforo.
19Erasto se quedó en Corinto. Y a Trófimo le dejé enfermo en Mileto.
20Apresúrate a venir antes del invierno. Te saludan Eubulo, y Pudente, y Lino, y Claudia, y los hermanos todos de esta ciudad.
21El Señor Jesucristo sea con tu espíritu. La gracia permanezca con vosotros. Amén.
22Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo para instruir a los escogidos de Dios en la fe y en el conocimiento de la verdad que es según la piedad,